Monday, September 5, 2011

"La Tradición" en Argentina

La Tradición en la Argentina
(Hugo Pezzini, desde París)

En Argentina, el término "tradición" está asociado principalmente a usos, costumbres, artefactos, música, etcétera, de origen estrictamente rural. El "Día de la Tradición" es un buen ejemplo de ese significado específico que la palabra recibe o denota en Argentina hasta la actualidad: el Día de la Tradición básicamente en Argentina es una fiesta "gauchesca," una celebración "folklórica." Por lo tanto, si la información a proveer a propósito de las "tradiciones" argentinas fuese la "tradicionalmente" fornecida, debería reducirse a "artefactos culturales rurales". Una somera muestra es la siguiente:
la payada,
la doma,
el juego de la sortija,
la yerra,
la mateada,
el arreo de tropillas.
Ademas de los ejemplos provistos en esta columna, se incluyen también, por ejemplo, danzas y ritmos folklóricos, y el cancionero folklórico en general:
el Pericón Nacional,
el malambo,
el carnavalito,
las bagualas,
la cueca,
la zamba,
la chacarera.
Aquí se descubre una singularidad argentina: Tradición y Folklore son entendidos como sinónimos, lo que no es un hecho coincidente en otras culturas. Estos dos términos no son semánticamente equivalentes, aún cuando los significados estén estrechamente relacionados.
La historia es un devenir constante y creciente. Nuevos artefactos culturales son adoptados y se tornan "clásicos." Lo que entra a pertenecer a esa categoría especial puede ser también considerado una tradición: todo lo que es "canonizado," incorporado al acervo cultural nacional, pasa a engrosar el tesoro de las tradiciones de una nación. Sería oportuno entonces aprovechar para reconceptualizar el significado de la palabra "tradición" dentro del entendimiento colectivo de los argentinos. Un gesto tal haría justicia a artefactos que han "tradicionalmente" sido segregados del patrimonio nacional.
Felizmente, algunos pocos artefactos han sido ya incorporados a la lista de las tradiciones vernáculas. No obstante, forman parte de un grupo de objetos considerados como perteneciente a distintos sectores específicos del país, pero que tienen negada la representatividad a nivel nacional. El tango provee un buen ejemplo de un artefacto cultural urbano que indudablemente es "tradicional" pero no es sancionado nacionalmente como "tradición." La palabra usada es "típico." O entonces es aceptado como una "tradición porteña." Es difícil explicar este fenómeno sin referirse a él como producto de una forma histórico-tradicional de pensamiento "unitario", centralista. Este fenómeno--que es parte específica de la historia política nacional-- ha transformado a Buenos Aires y al resto del país en dos esferas separadas, distintas entre sí. Es un binarismo cultural mutuamente exclusivo. Autores canónicos como Jorge Luis Borges han contribuído enormemente para definir lo tradicional que habita una zona limítrofe entre ciudad y campo. De esta forma, Borges crea un "puente" que perturba ese binarismo; y de algún modo trata de resolver esa brecha conceptual. Los artefactos limítrofes borgeanos marcan la tradición de los "bordes" culturales. El carro de reparto, el matadero, los almacenes de suburbio, las pulperías arrabaleras, etc. habitan esa línea borrosa que existe entre lo rural y lo urbano. El arrabal es la región mitológica fundamental, o al menos característica, de la ficción borgeana, cuando ésta trata de lo argentino. "Arrabal" es una palabra española, derivada del vocablo árabe, "al rabal", que significa "fuera de los muros". Es decir, la zona inmediatamente adjunta a la ciudad fortificada, pero localizada extra-muros. El barrio de Barcelona llamado "El Rabal" es exactamente la zona de Barcelona que una vez existió fuera de los muros. La presencia de prostitución, tráfico de drogas, y más recientemente el asentamiento en el barrio de inmigrantes de etnias y nacionalidades consideradas "problemáticas" por ciertos círculos socio-políticos de la Unión Europea, es una prolongación histórica de su origen. No más fuera de los muros, sino totalmente integrada a la ciudad (las famosas Ramblas barcelonesas tocan los bordes de El Rabal), preserva su "marginalidad" original. Hoy en día esa característica estigmática de pasada marginalidad les confiere a ciertos barrios su "aura" de sofisticación bohemia. El barrio que habito aquí en París, justamente, enclave avant-garde en este momento, es Le Marais (el pantano) -- la zona parisina extra-muros en la que se refugiaron los judíos cuando el feroz antisemitismo medieval los expulsó de "intramuros", es decir, de la ciudad propiamente dicha. Por su propia seguridad, permanecieron en el mas cercano "arrabal", apoyados contra los muros fortificados de París, en el pantanoso lodo de Le Marais.
La ginebra es tradición; la misa católica de los domingos a las diez de la mañana es parte de la tradición. Actividades a la vez tan insospechadas cuanto evidentes como, dígase, la pesca de río (con línea, tramayo, "robador" o tiradera) y similares "artefactos" que construyen y han construido las imágenes de la conciencia colectiva argentina, deben ser, y seguramente serán en algún momento apropiado, incorporadas a la tradición. Tal vez suceda cuando la imaginería popular sea seriamente mapeada por científicos culturales deseosos de "realistificar" (no confundir con "reificar") un reduccionismo costumbrista que precisa urgentemente de actualización: La charla en el bar frente al pocillo de café y al cigarrillo negro es otra tradición argentina, por ejemplo; pero esta es una tradición que parece tener un carácter internacionalista (como muchas otras tradiciones que el país comparte con otros; no solamente se arrea o arreó ganado en Argentina, bien se sabe, por ejemplo: pensemos en la iconografía recreada obsesivamente en la narrativa del Far-West Hollywoodiano).
Debe recordarse siempre que hay muchos otros artefactos tradicionales que argentina comparte con otros países. La guitarra "criolla" y el bandoneón no son instrumentos autóctonos, a pesar de haber sido incorporados al acervo nacional (según Astor Piazzolla, el bandoneón, de origen alemán, fue llevado a la Argentina por marineros italianos que lo preferían por su sonido lamentoso para cantar sus repertorios, compuestos mayormente de melodías melancólicas).
Pero volviendo al carácter internacional de la tradición del café y el cigarrillo compartidos en el bar: El director cinematográfico norteamericano Jim Jarmush acaba de lanzar en París, desde donde este artículo se escribe (Abril 2004), su film Coffee and Cigarettes. Esta película está construída como un patchwork, o un quilt (una colcha de retazos) de escenas filmadas --o serie de cortometrages; generalmente dos personas en cada "corto"-- simplemente conversando, separadas por la mesa del café y unidas en el café y el cigarrillo que comparten.
El cigarrillo negro es por supuesto un artefacto cultural argentino. El tabaco negro es fumado principalmente en la zona rioplatense y en Francia. No obstante, parecería que en Argentina el fumar tabaco negro esta dejando de ser una costumbre masiva; como también en los países "desarrollados" del "primer mundo" en general (Francia presenta una interesante excepción en este sentido). Pero indudablemente el cigarrillo negro es un objeto tradicional de estos dos países, y pertenecen a un "glamour" idiosincrático y romántico de ambas culturas. Los negros franceses "Gauloises" fueron glamourizados internacionalmente por obra de la novela Rayuela, de Julio Cortázar. Por supuesto que esta tradición está cada vez más acercándose hacia el pasaje a lo arcaico, debido a la creciente consciencia de los efectos altamente nocivos de la nicotina y a las no tan recientes prohibiciones de fumar en lugares cerrados. Teóricamente al menos, el cigarrillo no se puede encender en ningún café de Argentina.
Esta visión alternativa de lo tradicional abre la discusión de un aspecto particular del concepto de tradición. Lo que se torna arcaico; lo que "muere" o cae en desuso, aun así (o por eso mismo) forma parte de, o constituye, una tradición. Basta observar que "el arreo de tropillas" es parte de la tradición aunque no se arreen más tropillas desde hace ya varias décadas; es más: el "camión jaula" que reemplazó esta práctica ha casi dejado de circular por las rutas, los vagones-jaula que también transportaban ganado han desaparecido (desde que los trenes de larga distancia dejaron de circular) y el plantel de ganado ha disminuído hasta casi desaparecer como paisaje omnipresente de las pampas y planicies argentinas. Esta situación crítica de una de las actividades económicas "tradicionales" argentinas, ha transformado esa actividad en un objeto tradicional "arcaico": es una tradición que ha casi literalmente "pasado a la historia;" para cualquier observador de las rutas y las vías ferroviarias (abandonbadas a la herrumbre, en su mayoría) de la nación, esto no se practica más.
Debe aquí también mencionarse la fuerte "tradición" deportiva argentina: Las carreras de caballos en hipódromos urbanos (tradicionalmente integradas a la mitología tanguera) bien merecerían estar incluídas en el catálogo oral y escrito de la tradición argentina. Están inexplicablemente ausentes, ya que no son mas que una extensión de las carreras "cuadreras" rurales, que sí están incorporadas al canon tradicional: las competiciones en el hipódromo son un artefacto cultural similar o paralelo a las cuadreras criollas, pero de carácter urbano; carácter que --este artículo argumenta-- permanece segregado del ámbito taxonómico de lo entendido como tradición. Lo mismo podría decirse de las competiciones automovilísticas de turismo de carretera: los sonoros apellidos Galvez o Emiliozzi son arquetipos incorporados al imaginario colectivo, al menos están incrustados firmemente en la historia del deporte automovilístico argentino. La cabeza de esta área es indiscutiblemente Fangio. Juan Manuel Fangio, con gran justicia, sí es reconocido como parte de la galería de personalidades populares absorbidas por la memoria nacional, lado a lado, por supuesto, a Pascualito Perez y Carlos Gardel. Este último sirve bien para insertar dentro de este tema "la paradoja del hibridismo" de los artefactos culturales tradicionales argentinos. El lugar de nacimiento de Gardel es abierto a discusión hasta la actualidad (Toulouse, en Francia? Tacuarembó, en Uruguay? Un arrabal de Buenos Aires?). El tabaco negro es una tradición híbrida francoargentina: el cigarrillo negro de mayor venta en Argentina es el Parissienes, y obstenta el sello de la casa francesa Caporal, fabricante del emblemático francés Gauloises.
Dentro del paradigma paradojal argentino se incluyen varios objetos de origen nacional híbrido, algunos ya incorporados al canon tradicional: un buen ejemplo es provisto por el tango fundacional argentino "La Cumparsita" (compuesto por el uruguayo Gerardo Matos Rodríguez). Como lo es también el caso del escritor --de reciente incorporación canónica-- mencionado arriba, Julio Cortázar. Este es belga de nacimiento, argentino por vocación --o por su inscripción en el "Registro civil nacional de las personas" de Argentina, por parte de sus padres, argentinos ambos-- al retornar con el niño al país. Su nacionalidad, por otra parte, fue ganada y demostrada de hecho y de derecho por su formación sociocultural y política, por su idiosincrasia (ser peronista o antiperonista acérrimo fue una tradición del siglo veinte que no ha perecido a los comienzos del veintiuno, a pesar de vivir su fase "revisionista"), y por la "voz" eminentemente argentina de la mayoría de sus personajes. Es posible afirmar que Cortázar gana su derecho a ser reconocido como un "artefacto cultural" de la tradición argentina también por su nunca mitigado interés literario por todo lo argentino, por la temática misma de su literatura(aun cuando sea para criticar muchos aspectos idiosincráticos de la sociedad argentina). El paradigma del hibridismo se completa con su ciudadanía francesa, que adoptó voluntariamente en los postreros años de su vida. Sus restos no descansan en Argentina; su tumba se encuentra, compartida con su mujer Carol Dunlop, en el cementerio de Montparnasse, aquí en París (los restos de Jorge Luis Borges se encuentran --satisfaciendo su deseo testamentario-- también en Europa, precisamente en Suiza, lugar de su formación intelectual mas temprana, donde también se encuentran los restos del compositor argentino Alberto Ginastera).
El "paradigma del hibridismo argentino" tiene indudablemente que ser reconocido como constitucional de Argentina, una tradición primordial del ser nacional: La inmigración masiva durante una buena parte de los siglos XIX y XX, y aún antes, formaron el componente étnico mixto del plantel o stock humano argentino. Con su humor árido y sutil (humor muy británico por otra parte) el mismo Borges ayudó a identificar o definir esta paradoja del siguiente modo (voy a parafrasear su decir, ya que no tengo la cita textual a mi alcance en el momento de escribir estas notas): "El argentino es un italiano que habla castellano y se piensa (o cree ser) inglés."
Para cerrar, se registra aquí el sentimiento de estupor ante el hecho inconcebible de saberse que el fútbol [deporte inglés par excellence, por lo tanto, muy argentino] no es mencionado como una tradición argentina --salvo excepcionalmente por los fanáticos de ese deporte.
El rico "parque" cultural argentino merece una taxonomía apropiada de la cual aún se carece.

Hugo Pezzini
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El abogado argentino, Dr. Jorge Bernatzky, me ha hecho llegar los siguientes conceptos, que transcribo textualmente a seguir. Ellos enriquecen mi ensayo porque definen vocablos cruciales del mismo y justifican su uso dentro del contexto en que los he ubicado:

Si bien generalmente se estiman sinónimos dichos términos: Tradición y Folklore, sus significados formalmente hablando son muy distintos. La Tradición (del latín Traditio) es el acto de transmitir. Por el contrario El FolKlore, o Folclore, o "cultura popular" es lo que se transmite.-
La Tradición es la dinámica, el movimiento físico de pasar, de entregar, como quién enajena un bien, es el acto por el que el vendedor entrega lo vendido al comprador.- En el caso sería la Tradición el acto por el que una cultura popular de una generación es traspasada, o entregada a la generación siguiente.- Cuando muere un ser humano con cierta riqueza ( Y esto lo digo utilizando el término "riqueza" con un objetivo preciso) la misma, se transmite a sus herederos, por ejemplo a sus hijos.- La tradición es la transferencia de la riqueza cultural de un pueblo: "el acerbo cultural".- Creo que existe mayor acercamiento en los términos si se dijera: Tradicional como semejante a Cultura Popular. Porque "tradicional" parece ser un término más indicativo de: "lo que generalmente se hace".- Lo tradicional también me parece como lo más perdurable. El folclore en cambio lo estimo como la actividad actual de los habitantes de un lugar.- Esa actividad, como la arena que se vuelca en un tamiz, pasa parcialmente, y lo que cae es lo tradicional.- Lo que no pasa por el tamiz es la cultura popular de un tiempo y lugar determinado, que luego, se tira.- También ciertas tradiciones, como la arena que cae, se mezclan en el suelo, y se modifican, o se pierden incluso.- Son fiestas tradicionales la celebración del Año Nuevo, Navidad, Carnaval, la independencia de cada país, pero la cultura popular celebra cada uno de esos eventos de manera no siempre igual.- Como por ejemplo en ciertas comunidades la Navidad se la celebra sólo religiosamente, como debe ser, y en otras partes, es una oportunidad de fiestas de contenido diríase ciertamente paganos.- También en distintas partes del mundo ciertas celebraciones se conmemoran de la misma manera, cuando por razones geográficas debería ser distinto: En los países cálidos en diciembre para Navidad se consumen comidas de muchas calorías.- Y pensando en lo que es la cultura, advierto que un cuadro de Picasso es cultura. Por ejemplo el "Guernica", pero también fue un acto cultural la destrucción por bombas de la ciudad: Guernica.- La cultura puede ser buena o mala, constructiva o destructiva.- Cuando la cultura popular es constructiva, como su nombre lo indica construye, es decir fortalece un pueblo, lo identifica, y la identidad lo hace más perdurable.- Cuando la cultura popular es destructiva también ayuda a terminar con determinadas civilizaciones. Por ejemplo, el Imperio Romano tiene su fin por la decadencia moral, entre otras causas, de su pueblo.- Y es así porque la buena cultura tiende a perdurar, y perdura (Salvo un holocausto nuclear por ejemplo). Es como una joya que pasa de generación en generación, y se guarda con cuidado. La mala cultura popular, o es erradicada prontamente por sus efectos perniciosos, o como un arma (revólver) celosa que pasa de un inconciente a otro, pronto termina por dispararse y pone fin a quien la utilizaba.- Estas distintas maneras de ver la Tradición y el Folclore, tú, poniendo énfasis en algunos objetos precisos: Como el mate, bombilla, yerba, tango, arrabal, y yo, mirando la conducta del ser humano, seguramente serían objetos de diversión de un buen semiólogo.