Wednesday, June 27, 2007

That Thing of the Poets 5: On the Seas

MARES DEL SUR

Mares del sur
siluetas que se desperezan al ocaso.
Cuerpos de arena
que azota la tormenta.
Caballo cimarrón, el viento.
Eterna contradicción de la marea
que se agita contra la escollera.

Hielo en los tobillos...
capricho de los peces
que se contonean en el fondo,
trompo...
giros al viento de cabellos-flamas.
Viento armonioso que se descuelga
en los atardeceres.
Rueda, cañón, marioneta
opaca de payasos.
El fuerte se divisa
sobre las rocas de Cabo Corrientes...
La torre, circunscripta
por el vuelo de gaviotas.
Niños, inventando pasadizos
en el agua
para que la marea
no se lleve la infancia...

Desnudo, quieto, casi congelado
cuerpo de mujer,
abrazado en esa tarde
en que el sabor salobre de la boca
recorría su contorno en el crepúsculo.

Estatua de luz...
embarcación que se agita
sobre el movimiento,
y otra vez el viento...
y la carrera loca hacia la torre.
Desde allí, divisábamos la tarde
larga como una sombra,
y el sonido de la arena
arrasada por el torbellino.

Huellas de pies
que duran sólo aquel instante
en que otra ola
los cancela ahora.

Mareo en las pupilas sorprendidas
de una niña...
Inmensidad del movimiento
irremediable, (que no para)
que amenaza con un vacío
bajo el cuerpo.
Destierro...
impedido por dos fuertes brazos
que amarran,
que protegen,
que sostienen.

Y finalmente, la noche
intrusa sobre la escollera
a donde nos asomábamos
para contemplarla.

Él, distante, indeciso y
loco
como un hechizo
que no cesa de romperse,
como un paisaje
que nunca se ha mirado,
como una vastedad
que vela el sueño
se deja contemplar
equidistante.

Astro conmovido
que pincela la espuma;
música de las ráfagas
que azotan con la arena.
Oscuro camino de Alfonsina
emigrando del dolor
y del olvido.

Una luz que se prende
y que se apaga
nos hace señas desde la otra orilla...
desandar entonces la pendiente
por las piedras.

Rasguños en las rodillas,
pequeños latigazos del salitre
que se cuela junto con el agua .

Decisión de aguardar aquella nave.

Luego... en el interior de la cabaña,
estallaba, de pronto
el silencio.

Silvia Pezzini

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